Cita de la semana:
"Mirror, mirror on the wall... Who is the fairest of them all?"
Capítulo 5 - La Donante
V
La fiesta de gala
Si bien las palabras de Mark fueron los suficientemente impactantes como para dejarnos impactados a todos durante unos minutos, todos coincidimos en estar incrédulos ante esa explicación de mi extraño tatuaje. Es cierto, Zero había mencionado, o por lo menos insinuado, que él vivía muy lejos y que pertenecía a una comunidad que se encontraba libre de la donación. Sin embargo, algo que me había inquietado a lo largo de mi vida, después de conocerlo, era que no podía explicarla la razón que tuvo para abandonar a su comunidad libre y llegar hasta aquí, a la ciudad gobernada por vampiros. Y, de pronto, tras la muerte de mi madre y la cercanía mi cumpleaños, todos esos deseos suprimidos en su interior, regresaron; quería volver a su hogar. Pero no quería irse solo, no estaba en su naturaleza abandonarme al cruel destino de los esclavos. Zero prometió llevarme, regresar, y, hasta ahora, no sabía nada de él. Tal vez pareciera poco creíble para alguien que me escuchara pronunciarlo pero, en verdad, no me interesaba el hecho de que yo no pudiera ser libre, me conformaría sólo con saber que él estaba vivo y era feliz.
Sin embargo, no había ninguna manera de que yo pudiera averiguar eso. Quizás esa sería una preocupación que me acompañaría hasta el día de mi muerte.
Discretamente, sequé las esquinas de mis ojos con la manga de mi vestido; di gracias a que todos estaban demasiado centrados en Mark y en su libro.
—No todo lo que viene en un libro tiene que ser cierto, Mark —Cam fue la primera que reaccionó—. Todos conocemos las leyendas de los cazadores, son cosas que nos contaban nuestras madres antes de dormir, para darnos esperanza.
Lo curioso, me di cuenta en ese momento, mientras los otros asentían vigorosamente, dándole la razón a ella; era que mi madre jamás hizo aquello. Sus historias sí eran de un mundo libre; ella decía o, mejor dicho, creía con firmeza que un día la opresión de los vampiros terminaría. Admito que me gustaban esas historias y, cuando era pequeña, las creía con la misma firmeza que mi madre las relataba, pero, conforme fui creciendo mi esperanza se fue marchitando hasta que quedó convertida en un recuerdo alegre sobre los días en que ella aún estaba a mi lado. Tal vez era una mujer diferente, pero lo cierto es que ella no siguió el patrón de las demás y jamás mencionó a los cazadores.
—Debe ser una coincidencia que Yuuki tenga esa extraña figura en su piel —dijo Liz, apoyando completamente a su amiga—. La historia real nos dice que los cazadores fueron destruidos hace mucho tiempo.
—¿Qué mejor prueba quieres que todavía estemos en este horrible lugar? —soltó Cam. Tal vez era mi imaginación pero me pareció ver un brillo acuoso en sus ojos—. Si todavía existen, ¿entonces por qué nos dejan aquí? ¿Por qué nos abandonan?
En un principio, Mark parecía dispuesto a protestar a los argumentos de las dos jóvenes, pero el cambio en la actitud de Camila pareció desconcertarlo. Detrás de los cristales de sus lentes, pude ver, por primera vez, un destello de lo mucho que le importaba ella. Con cierta inseguridad, avanzó unos pasos y la abrazó. Cam aun se veía alterada, pero alcancé a ver que una leve sonrisa se asomaba en su rostro.
—Yo no creo que hayan desaparecido del todo —dijo Mark, observándonos a los demás, ya que la cabeza de Cam ahora descansaba en su pecho—, creo que la última lucha, hace tanto tiempo, mermó tanto sus fuerzas que se vieron obligados a esconderse y correr el rumor de que habían muerto.
Su hermano abrió la boca para contestar pero Mark, una vez que se separó gentilmente de Cam, hizo un gesto con la mano para callarlo.
—Si lo que yo creo es cierto, entonces quedaron algunos y han estado haciéndose más fuertes y numerosos a lo largo de todo este tiempo. El hecho de que no hayan actuado todavía significa que no tienen la fuerza suficiente para enfrentarse a los vampiros —continuó Mark—; en estos momentos, ninguno de ellos se arriesgaría a perder a unos de sus miembros por venir aquí y liberarnos…
—O, simplemente —lo interrumpió con brusquedad John, frunciendo el ceño—, decidieron que es mejor vivir a salvo y se olvidaron de nosotros.
Mark dio un paso hacia su hermano, parecía que esa discusión no era la primera vez que se suscitaba entre ellos.
—Los cazadores nacieron para protegernos; está en su código genético. Su propósito, para lo que nacen y son entrenados, es mantener a los vampiros alejados de los humanos.
—Mark, ¿por qué no puedes aceptar que ya no existe ninguno? —resopló John, un poco más enojado que antes—. No les des esperanzas que después las destrozarán.
Mark frunció el ceño; tal vez si se hubiera quitado los lentes, si se vería amenazante, con toda esa ropa negra cubriéndole. Se acercó a mí, lo que, por un instante, me hizo soltar un respingo de sorpresa; pero, simplemente, tomó mi brazo y descubrió mi muñeca, para mostrárnosla a todos.
—Esto no es una coincidencia, no puede serlo.
John parecía querer protestar de nuevo, pero Liz se acercó a él y lo abrazó.
—Por favor, no es momento para discusiones. Sólo deja que tu hermano termine de hablar, ¿de acuerdo?
No muy convencido, John terminó por acceder a la petición de Liz.
—Sólo necesito una oportunidad —comenzó a decir Mark—; los libros que tengo aquí no tienen la información suficiente, pero estoy seguro que en la biblioteca podemos encontrar alguno.
John volvió a resoplar, pero no hizo ningún comentario, fue Cam quien intervino.
—Sabes que la biblioteca está prohibida para nosotros —le dijo—, sólo podríamos acceder a ella si algún vampiro nos lo permite y, para ser sincera, no creo que ustedes puedan conseguirlo. Ni siquiera Liz o yo podríamos y eso que somos donantes A; nuestro vampiro jamás nos lo permitiría.
Los hombros de Mark cayeron, se veía tan derrotado, que sentí pena por él. Sin embargo, Liz soltó una exclamación que nos distrajo a todos por un momento. Ni siquiera me di cuenta cuando se había dirigido a mí, pero, cuando parpadeé ya me había tomado de los hombros.
—Dijiste que tu vampiro te salvó la otra noche, ¿no es cierto?
Asentí, confundida, pues no sabía a dónde quería llegar.
Liz sonrió, el resto estaba tan desconcertado como yo.
—De todos nosotros, tú pareces tener más probabilidades de conseguir ese permiso; Kaname parece tratarte mucho mejor de lo que cualquier vampiro trataría a un donante.
Era cierto que Kaname se había portado muy bien conmigo y que, en los días que habían pasado, mi confianza en él había aumentado un poco. Sin embargo, todavía no podía creer que él pudiera controlar su naturaleza por mucho tiempo y que, tarde o temprano, terminaría bebiendo mi sangre. Y, lo cierto era que no deseaba pedirle un favor para quedar, todavía, con más deudas. Pero, al ver la expresión de triunfo Mark y la débil luz de esperanza que se formó en todos ellos, no pude evitar negarme.
—De acuerdo, se lo pediré.
—Gracias, Yuuki, tú sólo consíguenos la entrada y yo haré el resto —soltó Mark—, porque estoy seguro que ese libro estará en una sección prohibida, pero me encargaré de encontrarlo. Además, como dije antes, los cazadores no se arriesgarían a venir hasta aquí por nosotros, pero, si lo que pienso es cierto, ellos si se arriesgarían a venir por una cazadora. Y si lo hacen, el resto de nosotros podría huir con ellos. Podríamos ser libres, por fin.
Me resultaba un poco inquietante que Mark y los demás (aunque no quisieran admitirlo) depositaran sus esperanzas en algo que podría resultar una simple leyenda. La idea de libertad era demasiado tentadora para cualquiera de nosotros y lograba seducir hasta los más renuentes, como John, sin embargo, si esos libros sólo demostraban que la teoría de Mark era un error, entonces todos caeríamos en una desilusión que podría deprimirnos durante varios días.
El cielo todavía estaba de color naranja cuando llegué a la mansión, pero prefería llegar un poco temprano a arriesgarme a ser asesinada por uno o varios nivel E. En aquella ocasión, decidí, en lugar de permitir que alguien abriera, probar con la manija; mi éxito al abrirla quedó borrado cuando me di cuenta que, en lugar de encontrarme la casa vacía (ya que aún faltaba para el anochecer) descubrí que todos los vampiros que habitaban ahí se encontraban despiertos y en movimiento. Pero, a pesar de ser algo fuera de lo común, no fue eso lo que más me sorprendió, sino que todos parecían estar vestidos para una… fiesta.
—Yuuki, me alegra que hayas regresado temprano.
La voz de Ichijou me sobresaltó tanto que casi salté, sin embargo, él lucía igual de amable que siempre, aunque, algo preocupado, a decir verdad.
—¿Por qué no subes a tu habitación mientras nosotros terminamos aquí? —cuestionó, esbozando una sonrisa— Me parece que tienes un regalo allá arriba.
Parpadeé dos veces antes de asentir y hacer lo que me decía; para ser sincera, todavía pensaba haber escuchado mal, hasta que abrí mi puerta y descubrí el hermoso vestido extendido en mi cama.
Era de un color rosa que me recordó al primer vestido que me puse al llegar a este lugar, sólo que éste era completamente diferente, tenía muchos detalles como encaje en el cuello y las mangas, además parecía más elegante que los otros que me había puesto y mucho más costoso. Entonces, creí entender el significado de aquel vestido y no me gustó para nada.
—Espero que sea de tu agrado.
Me sobresalté. Comenzaba a irritarme esa habilidad de los vampiros por emerger de las sombras en el momento menos adecuado. Me giré lentamente, para encontrarme con la figura de Kaname acercándose a mí.
—Por supuesto, gracias.
Otra vez noté ese terrible cansancio en su mirada, me pregunté a qué se debería. Tal vez ese sería un buen momento para pedir el permiso para entrar a la biblioteca pero el presentimiento que tenía era demasiado pesado en mis hombros como para concentrarme en otra cosa.
—Yuuki, dentro de unas horas comenzará una especie de reunión; vendrán los vampiros más importantes de la sociedad —dijo, como alguien que dice que debe hacer algo desagradable—. Sé que no tengo derecho a pedirte esto pero, como podrás suponer por el vestido, quiero que, cuando sea la hora, bajes conmigo.
No quería, definitivamente no quería enfrentarme a más vampiros que desconocía y que podrían hacerme daño. Kaname debió ver el rumbo de mis pensamientos escritos en mi rostro, porque se acercó a mí y, por primera vez, yo no tuve el instinto de retroceder. Él puso sus manos sobre mis hombros y se inclinó hacia mí.
—Prometo que no dejaré que nadie te haga daño.
Negué con la cabeza y me alejé. A pesar de que sabía que él me protegería, eso no lograba tranquilizarme.
—¿Por qué tengo que estar ahí? —cuestioné— Estoy segura que ningún vampiro me querrá en la fiesta, después de todo soy sólo…
—No importa lo que piensen los demás, Yuuki —me interrumpió—. Si ellos ven cuánto… si ellos te ven a mi lado comenzarán a respetarte y eso es lo que quiero.
No entendía porqué Kaname deseaba que los vampiros me respetaran, además lo creía muy poco probable pero, por lo que vi en su mirada supe que no podría negarme. Y, tal vez, si accedía en aquel momento, podría tener más oportunidad a que él me concediera esa visita a la biblioteca.
—De acuerdo.
No sé porqué en ese momento, cuando vi en su rostro que deseaba decirme algo más, pensé que, su presencia siempre me provocaba esa sensación, como si en todo momento quisiera decirme mucho más de lo que salía de sus labios.
Sin embargo, aquélla como muchas otras veces, prefirió marcharse.
Estaba pasando, por última vez, el cepillo por mi cabello cuando el reloj dio las ocho de la noche, lo que, para mí, significaba dos cosas: Uno, que iniciaba el toque de queda para todos los humanos y, dos, que era hora de enfrentarme a los vampiros que asistirían a la fiesta. Para animarme, intenté sonreírle a mi reflejo, pero el cristal sólo mostró los restos de una joven asustada y cansada. Entonces, encontré algo más que no había buscado desde que llegué a este lugar; a mi madre. Noté que su esencia se quedó conmigo, pues mi rostro conservaba algo de ella. Y, como era de esperarse, el dolor de su despedida regresó. Cerré mis ojos y tuve que hacer un esfuerzo muy grande para reprimir mis lágrimas y recobrar la compostura antes de que tocaran a la puerta.
—Quédate a mi lado —solté cuando comenzamos a bajar las escaleras. Ni siquiera yo podía creer que había dicho eso, pero estaba tan nerviosa que decidí analizarlo después.
Algo cálido se encendió en los ojos de Kaname cuando esas palabras salieron de mi boca, me pareció que en su rostro se esbozaba la primera sonrisa completamente alegre que le había visto en todo el día.
—Siempre.
Me ofreció su mano y yo no sólo la acepté sino que entrelacé mis dedos con los de él y apreté con fuerza, como si no quisiera dejarlo ir y es que, los invitados que ya habían llegado, estaban todos congregados en el salón principal y habían levantado la vista para observarnos.
Ante las presentaciones que Kaname hacía de mí, hubo distintos tipos de reacciones. Algunos vampiros preferían ignorar mi existencia y dirigirse exclusivamente a mi acompañante, por lo menos hasta que él los obligaba a dirigirme la palabra. Después, no les quedaba mucho que decir y, con un gesto de repulsión y una pobre excusa se alejaban de nosotros. Comencé a pensar que mi presencia podría perjudicar a Kaname pero él no parecía muy afectado por los desaires de los vampiros, incluso se veía aliviado al verlos ir. Sin embargo, no todos los vampiros eran tan fáciles de tratar; el otro grupo prefirió tratarme como si fuera la linda mascota de Kaname que bien podrían probar alguna vez. Y, a pesar de que la mayoría tenía esa mirada en su rostro cuando me veía, sólo uno fue lo bastante valiente como para sugerirle a Kaname que si al final de la velada podría prestarme.
No sé qué fue lo que me causó más temor, si la mirada lasciva del vampiro que deseaba beber mi sangre o la reacción de Kaname ante tal sugerencia. Por supuesto, para estar furioso, Kaname fue lo bastante discreto como para que el gruñido que emergió de su garganta sólo alcanzara a mis oídos y los del otro vampiro. Eso fue suficiente para que se alejara y, además, para que nadie a observarme de esa manera de nuevo; probablemente aquel vampiro se había encargado de hacerle la advertencia al resto de los invitados.
Todos los vampiros presentes parecían mostrar un respeto casi reverencial por Kaname, por supuesto, se debía a que, como había mencionado Liz, él era un sangre pura. Sin embargo, cerca de las once, hizo su aparición una figura que recibió el mismo trato que Kaname. Era un vampiresa tan hermosa que no me extrañó que todos los ojos volaran hacia ella. Y, por lo que murmuró Kaname en mi oído, parecía tratarse de lo más alto en la realeza vampírica: era una princesa.
—Shizuka —soltó Kaname, con aparente indiferencia.
Ella sonrió, pero su gesto estaba cargado de tantas cosas y ninguna de ellas cercana a la alegría. Todo su cabello blanco se agitó cuando su cabeza se inclinó en mi dirección. Después volvió su mirada hacia Kaname.
—Desde pequeño me pareciste alguien que no estaba hecho para la compañía —comentó—, había cierta nube de tristeza que te rodeaba todo el tiempo. Y, ahora… Espero que no te haya equivocado al tomar esta decisión. Sigue mi consejo, Kaname, las cosas preciadas se deben guardar, no presumirse porque corres el riesgo de que te las quiten. La sociedad parece preferir que, vampiros como nosotros, estemos solos por siempre.
Quizás, si su tono hubiera sido diferente, me hubiera pasado por la cabeza que Shizuka estaba amenazando a Kaname, sin embargo, parecía más una advertencia. Una que, al parecer, había lastimado a la propia Shizuka; mientras hablaba me pareció que un recuerdo se asomaba en sus ojos, como si ella misma hubiese perdido algo.
—Parece infeliz —se escapó de mis labios, mientras la veía alejarse.
—Eso es lo que pasa cuando amas demasiado.
—¿Ella está…?
—Estuvo. Una vez, hace mucho tiempo.
—¿Qué pasó?
Kaname me miró a los ojos y sentí que su mano se cerraba con mayor fuerza en torno a la mía.
—Lo perdió.
A pesar de que consideraba a Shizuka como uno de los vampiros más intimidantes de aquel lugar, sentí compasión por ella. No podía imaginar cómo un amor podría afectarte de aquella manera y es que, ahora que la observaba moverse entre los invitados esbozando débiles sonrisas de cortesía, noté que parecía como una sombra, como si toda su luz se hubiese ido.
Durante la noche, había acumulado tanta tensión que agradecí cuando nos acercamos al salón de baile; la música comenzó a relajarme, por lo menos un poco. Entonces, Kaname me invitó a bailar y yo sólo dudé unos segundos antes de aceptar. Me pareció que aquello podría hacerme olvidar todas las miradas que me habían lanzado los vampiros durante la fiesta. Además eso me sirvió para retroceder un poco en el tiempo.
Toda niña que nace como esclava, es consciente que jamás podrá asistir a una fiesta; mi generación, por ejemplo, o parte de ella, creció sin aprender a bailar. Yo fui una de las pocas excepciones ya que mi madre pensaba que, no porque los vampiros nos obligaran a pasar sufrimiento durante toda nuestra vida, no tenían porqué quitarnos los momentos divertidos. Así que yo bailaba con ella y, unos años después, con Zero, puesto que mi madre nos obligaba a ensayar juntos. Aunque, ninguno de los dos lo vio como algo desagradable.
Así que me sorprendí mucho cuando descubrí que bailaba bien ya al momento de estar en el salón de baile con los tacones y la música. De pequeña, uno de mis sueños era el de asistir a un baile, aunque jamás pensé que aquello se volvería realidad.
Entonces, las memorias agradables explotaron en mi cabeza; todos aquellos momentos en que pisaba a mi madre y nos reíamos juntas por mi torpeza, o las veces que, no sabía cómo, había tirado a Zero al suelo.
Cuando me di cuenta, descubrí que llevaba todo el tiempo sonriendo, mi corazón estaba alegre, siguiendo con su latir el ritmo de mis pasos y el de la música. La mano de Kaname sobre mi cintura no parecía amenazante, como antes habría imaginado, sino que la sentía cálida y reconfortante.
Kaname respondía a mi sonrisa; noté que esa aura solitaria que había tenido desde que nos conocimos desaparecía, sólo en ese momento, en el que bailamos en la pista.
De pronto, nos detuvimos con brusquedad porque Ichijou se acercó hacia nosotros, por la expresión en su rostro podía notar que estaba bastante preocupado.
—Él llegó.
Toda expresión cercana a la alegría desapareció del rostro de Kaname para ser reemplazadas por la tensión. La mano que me sostenía con firmeza se aflojó y me acercó al otro vampiro.
—Llévatela a la terraza y que te acompañen los demás.
—Kaname…
Olvidé lo que iba a decirle cuando se inclinó y tomó mi rostro entre sus manos para depositarme un beso en la frente.
—No te preocupes, Yuuki, pronto estaré contigo.
—¿Qué pasa? —le pregunté a Ichijou después de que llegamos a la terraza y me cubrió con su saco. El resto de los vampiros que vivían en la mansión se encontraban ahí también, formando un extraño círculo a mi alrededor.
—Rido Kuran acaba de llegar.
De pronto, me percaté de que estábamos muy cerca del jardín y que me encontraba muy expuesta, ya que el aire frío de la noche sacudía mi cabello. Nerviosa, giré mi cabeza hacia ambos lados, preguntándome si algún nivel E no se acercaría a atacarme en cualquier momento.
—Tranquila, Yuuki, ellos no se acercan a las propiedades.
No debí parecer muy convencida porque otro vampiro, uno de cabello rubio y ojos azules que reconocí como Aidou, me sonrió y acercó un poco a mí.
—Mira esto, te hará sentir mejor.
Extendió su mano y, en segundos, se formó una rosa de hielo en su palma. Me la dio y, por un momento temí que la calidez de mis dedos la derritieran pero parecía inmune a ello.
—Gracias.
No pasó mucho tiempo para que los vampiros a mi alrededor se tensaran y la puerta de cristal que conducía a la terraza se volviera a abrir.
—Me alegra ver a todos tus amigos reunidos aquí, Kaname —soltó una voz que no ocultó su sarcasmo, no sabía porqué pero esa voz me sonaba un tanto siniestra.
Los vampiros que me rodeaban se hicieron a un lado para dejarme ver a un vampiro alto, con el cabello oscuro y unos ojos extraños: eran de dos colores distintos, el de la derecha era azul, mientras que el de la izquierda era de un rojo oscuro.
—No entiendo porqué tu ansiedad por ocultarme a tu donante, querido sobrino, aunque no entiendo qué hace aquí —soltó, observándome atentamente, de pronto, respiró profundamente y una sonrisa se dibujó en su rostro—, ¿quizás planeas darla como cena? Porque no me molestaría probar un poco…
Una de sus manos se había extendido hacia mí y me hubiera agarrado por el cuello si Kaname no lo detiene. Su mirada era un odio tan profundo, que me pregunté porqué Rido no parecía intimidado, incluso soltó una carcajada.
—Ella no es mi donante —soltó Kaname con firmeza—, es mi invitada.
—Los humanos sólo sirven para una cosa, ésta no tiene porqué ser diferente.
—Lo es y la considero mucho más importante que todos los que están aquí esta noche.
La siniestra sonrisa de Rido no lo abandonó.
—Es evidente que has dejado de alimentarte; ahora entiendo qué querías decir con que ella no es tu donante, sin embargo, no comprendo porqué la abstinencia, entiendo que en esta ciudad hay muchos donantes disponibles. Debes tener cuidado Kaname, sino te alimentas, te vuelves débil y vulnerable.
—Vete.
—De acuerdo —Rido retrocedió, como si aparentara estar intimidado—, de cualquier forma esto ya se volvió aburrido.
Kaname siguió a Rido, mientras Ichijou me tomaba de la mano y me guiaba nuevamente al gran salón.
Por supuesto, tenía cientos de preguntas acerca de todo lo que había sucedido, sin embargo, sólo una escapó de mis labios: —¿Es cierto que Kaname no ha tomado sangre en mucho tiempo?
Me sorprendí al notar que, en lugar de sonar temerosa, sonaba preocupada.
—Sí.
—¿Por qué?
Ichijou me condujo por las escaleras hasta llegar a mi habitación y cerró la puerta tras él; tiempo atrás esa acción me habría dado pánico, pero esta vez sólo sentí un poco de nervios.
Suspiró.
—No puede.
Mi cara debió mostrar mi confusión, porque Ichijou se desordenó el cabello, incómodo.
—A pesar de que no tengas ninguna herida, nosotros podemos oler tu sangre si estás cerca.
Asentí, para hacerle saber que comprendía, aunque esa información no me tranquilizara.
—El resto de nosotros lo tomamos bien, puede decirse que ya nos acostumbramos a tu presencia, sin embargo, parece que a Kaname le ha afectado más que a nosotros. El deseo que le provoca el aroma de tu sangre ha ocasionado que rechace todas las demás.
Me senté en la cama y cubrí mi cuello con mis manos, como si quisiera protegerme.
—¿Crees que pueda solucionarse su problema?
Ichijou, en lugar de contestarme, se acercó a mí.
—Escucha, Yuuki, yo sé que esto ha sido muy difícil para ti, pero considera todo lo que él ha hecho por ti —me tomó de la mano y me guió hasta el armario y me señaló todos los vestidos que había en él—. Quizás más de una vez te has preguntado a quién perteneció esta habitación y todo esto, ¿no es verdad?
Asentí, incapaz de hablar.
—Bueno, digamos que siempre ha sido tuyo.
Sacudí mi cabeza con brusquedad.
—No puede ser, yo llegué aquí hace muy poco.
—Esta habitación siempre ha estado cerrada y, por lo que sé, vacía. Hasta hace aproximadamente dos años Kaname la abrió, comenzó a amueblarla y adornarla, y compró todos estos vestidos que ves aquí. Por supuesto, esto no pasó desapercibido para ninguno de nosotros, así que, de cierta forma, ya esperábamos que alguien más llegara a la casa; el resto creyó que se trataría de una vampiresa, sólo yo sabía que eras tú; Kaname ya me había hablado de ti.
Mis ojos comenzaron a analizar cada rincón de la habitación, la misma que me pareció hermosa desde el momento en el que llegué. Era extraño saber que estaba preparada para mí. Para ser sincera, tenía tantos pensamientos en la cabeza que sentía que iba a explotar en cualquier momento.
—¿Por qué? —fue todo lo que salió de mis labios. Por supuesto, no era una pregunta dirigida a él y mucho menos esperaba que la contestara; ya tenía suficiente con todo lo que había ocurrido aquel día.
—Conozco a Kaname y sé que, aunque experimente todo el dolor de la abstinencia, jamás traicionará la promesa que te hizo y no te pedirá tu sangre. Pero, te pido, Yuuki, que si ves que empeora, hagas algo, aunque sea por todo lo que ha hecho por ti. Piénsalo.
Afortunadamente, Ichijou se fue pronto y me dejó con mis confusos pensamientos.
Tal vez no era la intención de Ichijou de hacerme sentir culpable pero, en el momento en que entró Kaname a la habitación sentí que era responsable de las sombras oscuras que se marcaban debajo de sus ojos. A decir verdad, después de toda la información que había recibido, no estaba segura si estaba lista para verlo. En aquellos momentos, quería estar sola.
—¿Cómo te sientes, Yuuki? —preguntó Kaname mientras se acercaba a mí.
—Bien, no te preocupes.
La idea de ofrecer mi sangre comenzaba a surgir en mis pensamientos, después de todo, durante años me había hecho a la idea de que tendría que donar, sin embargo, ahora, sentía pánico sólo pensarlo.
—No debes temerle a Rido, él no te lastimará mientras yo esté aquí —dijo él, malinterpretando mi expresión. Por supuesto, le tenía miedo a aquel vampiro, pero en aquellos momentos eso no era no que me preocupaba.
Ichijou tenía razón, Kaname había hecho mucho por mí. Pero aun estar consciente de ello no me ayudaba a darme el valor suficiente para ofrecer mi sangre. Tal vez, dentro de unos días, él olvidaría su obsesión y podría volver a alimentarse…
Me cubrí el rostro, desesperada y confundida, olvidando por completo que él seguía ahí.
—Yuuki, ¿qué ocurre? ¿Estás bien?
Escuchar su ansiedad por mí sólo hizo sentirme peor, así que, cuando sus brazos intentaron rodearme me aparté de él y me dirigí a la cama.
—Sólo estoy cansada —dije, recostando mi cabeza en la almohada.
Se despidió, pero antes de que cruzara el umbral lo llamé y se detuvo. Sin embargo, en lugar de armarme de valor para ofrecer lo único que podía darle para agradecerle, todo lo que salió de mis labios fue: —Quiero pedirte algo.
Cuando se giró, vi que sus ojos se apagaron.
—Yuuki, no puedo dejarte ir…
Negué con la cabeza y noté que sus hombros se relajaban, hasta su expresión se tornó un poco más alegre.
—No es eso, sólo quiero entrar a la biblioteca de la ciudad.
Kaname sonrió.
—No hay problema, hoy arreglo eso.
—Y también quisiera llevar algunos amigos —añadí.
Él accedió a eso también y se marchó. Poco después, noté que el ruido se desvanecía y supe que la fiesta había terminado, sólo entonces pude dormir.
Awwwwww!!!!!! por dios estuvo increible nena, me encanto enserio... se que Yuuki esta asustada pero deberia ser un poco mas considerada con el pobre Kaname (yo lo seria XD) Me fascina la historia, esta increible. Me encanta, me gusta, es increible, megafantabuloso y ya pues no se que mas decirte que eres una escritora genial y que sigas escribiendo y porfaaavor! sube capitulo pronto por favor, pronto entrare a clases y casi ni tendre tiempo, te lo suplico. un beso y cuidate mucho nena eres mega genial *o* muack!
ResponderSuprimirbuenisimo , y si ya q yuuki le de sangre pobre vampiro se lo merece , te mando mil besitos
ResponderSuprimir:O COMO SIEMPRE REEEE BUENOOO :D sigue escribiendoo quieroo ver en que termina esta historiaa :)
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