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Otro trozo de la historia
Arianna había pensado, antes de que sus ojos volvieran a ver el estudio (que, a diferencia de la última vez, ahora se encontraba lleno), que los reyes no pensarían en traer a Giselle por el peligro que corría en tierras extranjeras, sin embargo, la vio. Sobre su cuerpo, una hermosa tela color melón se acomodaba a su pequeña figura para colgar en forma de vestido. Sin embargo, se veía incómoda luchando, discretamente, por zafarse de los dedos de su madre que, para apreciación de la guardiana, la apretaban con demasiada fuerza. Un poco más atrás, intentando parecer desapercibidos (lo cual no consiguieron) se erguían tres figuras grandes: los guardianes de la familia real.
Entró en la habitación, seguida por los pasos del príncipe de los lobos, y lo primero que hizo fue acercarse a Giselle, pero, antes de que pudiera llegar a ella, una figura alta se cruzó en su camino. Observó unos botones dorados sobre un traje azul con símbolos que le parecieron muy conocidos, antes de que pudiera levantar la vista y confirmar que se trataba de Nathan, las manos de él se aferraron a sus hombros.
—¿Estás bien? ¿Te hicieron daño?
Parpadeó. Estaba sorprendida por el tono preocupación y, sus cejas rubias fruncidas sobre los ojos pardos sólo le reiteraban el estado de ánimo del príncipe de las hadas. Una de sus manos se elevaron hasta el rostro de Arianna y lo acariciaron suavemente, ella, de pronto consiente que todos los estaban observando se ruborizó y consiguió liberarse de su agarre de la forma más educada posible.
—No debes preocuparte por mí, estoy perfectamente bien.
Afortunadamente cualquier otra palabra que Nathan pensaba decir murió a causa de un gritito de alegría; Arianna vio a la princesa que corría, con los brazos extendidos, hacia ella. Cuando la levantó del suelo, la niña le sonrió y le mostró el relicario, el mismo que le había prestado a Julián horas antes para que pudiera cruzar sin problemas. Tras sonreírle a Giselle, se lo volvió a poner.
—Una vez que nos encontramos todos —dijo Theobold, con un gesto cordial—, propongo que dé comienzo la reunión.
Al terminar de pronunciar la última palabra, Imre dio un paso al frente, como si esa fuera su señal para comenzar a hablar.
—Primero que nada, es preciso que agradezca su hospitalidad, tomando en cuenta que jamás había acontecido una asamblea en la que participaran dos razas diferentes. Creo que hablo por lodos —hizo una inclinación de cabeza hacia Theobold—, cuando digo que es lamentable que la antigua ley se haya roto. Seguramente consideraron una ofensa cuando vieron a nuestra enviada llegar a su territorio, sin embargo, debo decir, en defensa nuestra, que era para algo realmente importante.
Imre colocó sus manos detrás de la espalda, pero no perdió nunca el tono de seriedad. Los dos licántropos tenían su completa atención en sus palabras, sus ojos parecían brillar, de modo que se notaba que estaban analizando cada cosa que salía de la boca del rey de las hadas.
—Hace meses, tres vampiros entraron a Fatum y secuestraron a mi hija —relató—, sólo su guardiana sobrevivió al ataque de aquella noche —el rey giró sus ojos en dirección a Arianna, ella sólo abrazó con mayor fuerza a Giselle. Le desagradaba recordar ese terrible día—. Descubrimos que toda nuestra servidumbre estaba muerta, sólo encontramos a ella, inconsciente. No había rastro de Giselle. Por desgracia, y esto es algo de lo que me arrepiento bastante, cuando despertó Arianna y nos dijo que a mi pequeña la habían secuestrado vampiros, no le creímos; estábamos seguros que se traban de mis opositores políticos.
La guardiana encontró un gesto muy caballeroso por parte de Imre compartir la culpa de su esposa, ya que, sólo había sido Orlantha la que, prácticamente, le dijo que todo lo estaba inventando para no parecer inútil y fue ella personalmente quien se encargó de correrla de la mansión.
El rey de las hadas suspiró y apretó los puños.
—Así que Arianna entró sola a Vampyrus y rescató a mi hija.
Le hubiera gustado que Imre se ahorrara todo aquello, porque ahora sentía las miradas de los licántropos, como si pesaran sobre su rostro. Sobre todo, los ojos amarillos eran los que la inquietaban más.
—Como han de suponer, este acontecimiento no tardó mucho en saberse en todo Fatum, por lo que mi pueblo, con justa razón, teme un segundo ataque. Por consiguiente, he decido advertirles sobre los vampiros y sugerir que refuercen su seguridad en todas partes de la muralla. Pero hay algo más, muy inquietante, y es que, tanto mi consorte como yo, hemos estado considerando otras posibilidades sobre el secuestro de nuestra hija.
Orlantha avanzó unos pasos hasta colocarse al lado de su cónyuge; puso una mano sobre su hombro y levantó la barbilla, en un gesto muy autoritario.
—Llegamos a pensar que tal vez están organizando un ataque más fuerte —intervino ella—, seguramente su rey ha empezado a desear más poder del que tiene.
Arianna frunció el ceño, se sintió bastante disgustada al ver a la reina decir todas aquellas cosas, sin tener información alguna de lo que ocurría. Le resultó detestable que se acusara a Zander, siendo que había sido él quien las había ayudado. Tal vez esto también era su culpa, ya que nunca les contó la historia completa. Abrió los labios para decir algo en defensa del vampiro, pero fue Giselle quién habló primero: —¡No es cierto! ¡Él no quiere eso!
Todos los ojos se dirigieron a la princesa y, ya que Arianna se encontraba abrazándola, las miradas también cayeron sobre ella. La reina parecía molesta.
—No creo que tengas idea alguna de los asuntos que estamos tratando aquí, cariño —dijo Orlantha con un tono que pretendía ser amable pero que a la guardiana no engañó en ningún momento—. Creo que lo más conveniente será que tu guardiana te lleve a otro lugar, mientras terminamos de discutir.
—Arianna y Giselle tienen tanto derecho como cualquiera de nosotros de estar presentes, madre —intervino Nathan. Sólo hasta ese instante, cuando el príncipe le lanzó una mirada fría a Orlantha, la guardiana se dio cuenta que estaba enojado con ella.
Arianna tomó una respiración profunda; era tiempo de hablar.
—Su majestad, la princesa tiene razón —musitó—, Zan… el rey de los vampiros no pretende hacernos daño.
—¿Cómo es que sabes eso? —cuestionó Orlantha, con cierta irritación. Tal vez ella era la única que había hecho la pregunta, pero podía ver la misma interrogante en cada par de ojos en la habitación.
—Porque él nos ayudó a escapar.
Nathan se colocó en frente de ella; frunció el ceño.
—¿Por qué no me habías dicho nada de esto?
Se había referido a él, como si fuera el único al que debió contarle la historia completa, sin contar a su padre o a su madre, aunque, eso era lo que menos importaba en aquel instante.
—Es… yo… lo que ocurrió en el otro reino –dijo por fin-, no es algo que me guste recordar y es aún más difícil de relatar. No pensé que ese detalle sería algo importante, hasta ahora.
Era una mentira; incluso había intentado convencerse de lo que acababa de decir, pero en realidad sólo pretendía evitar ser cuestionada con preguntas como la que veía en los ojos fríos de la reina de las hadas.
—De acuerdo —intervino Theobold, después de un largo y afilado silencio—, al parecer tendremos que hacerle una invitación al rey de los vampiros, después de todo.
—No puedes permitirle a un vampiro venir a nuestro reino —gruñó Roth, quien hasta ese momento se había mantenido callado. Los músculos de sus hombros estaban en una fuerte tensión.
—Es necesario —replicó su padre—, con los problemas que han surgido, se deben reunir los líderes de las tres razas, tal como sucedió hace siglos.
Arianna ahogó un gemido; estaba luchando contra dos emociones. Por un lado sentía la necesidad de volver a verlo y confirmar lo que le había dicho Ishery sobre que estaba bien y, por otro, no estaba segura de qué pasaría si se encontraban de nuevo.
Imre asintió.
—Dada la nueva información, parece justo —opinó—. Enviaré a alguien a que le dé el mensaje.
Theobold agitó una mano.
—No, por favor, ya que nos encontramos en mis dominios, creo que lo conveniente es que envíe a uno de los míos.
—Es algo demasiado arriesgado —intervino Orlantha, con una sonrisa extraña en los labios—, todos conocemos la naturaleza de esos seres y sabemos que son muy poco dados a una plática civilizada, por lo que no creo que ningún enviado sobreviva a la misión.
—¿Cuál es su sugerencia, entonces? —cuestionó el rey de los licántropos, arqueando las cejas.
—Bueno —la soberana se acomodó un mechón de cabello rubio que, con las luces que entraban por la ventana, parecía de un blanco resplandeciente. Parecía disfrutar ser el centro de atención—, ya que se encuentra entre nosotros la única que ha sobrevivido a tal proeza, considero que es lo más sensato enviarla a ella. Supongo que al haber pasado un mes ahí, ya debe saber cómo moverse en ese ambiente, además ya conoce al rey.
Lo que la reina desconocía y que Arianna jamás pensaba decir, ya que temía por la seguridad de Cristal e Ishery, es que ella había logrado vivir ahí gracias a la poción que la convirtió en un vampiro, temporalmente.
—No permitiré que vuelvas a arriesgar a Arianna —rugió Nathan, furioso, sus ojos parecían quemar el rostro de su madre.
Los labios de Orlantha se apretaron en una línea.
—Es necesario —replicó, entre dientes—, ella no correrá tanto peligro como cualquier otro que se interne en ese lugar.
Arianna difería de la opinión de la reina, ya que ahora no contaba con la maravillosa pócima. Sin embargo, algo golpeó sus pensamientos repentinamente, observó su muñeca, la misma a la que estaba aferrado el brazalete, de momento oculto por la manga de su vestimenta.
Tal vez eso pudiera servirle de pase al otro lado. No tenía muchas ganas de volver a repetir la experiencia de cruzar, pero tampoco quería que nadie saliera lastimado, sobre todo si ella tenía una posibilidad de sobrevivir.
—La reina tiene razón —logró articular, sintiendo que Giselle se agitaba de sorpresa en sus brazos—, lo mejor será que yo vaya.
Nathan frunció el ceño, se veía dispuesto a seguir protestando, pero Roth al dar un paso más cerca de la guardiana acalló toda la discusión.
—Iré con ella.
Theobold parecía dividirse entre la preocupación, confusión y el orgullo; finalmente, venció el último porque dijo: —Estoy de acuerdo con tu decisión.
Con mucho cuidado, Arianna dejó a Giselle en el suelo y se dirigió a los licántropos. No quería compañía, en primer lugar porque, si algo salía mal, no quería que salieran lastimados y, ciertamente, prefería evitarse las preguntas que surgirían cuando ella revelara su brazalete.
—No es necesario que…
—Es mi elección si cruzo o no la muralla —la cortó Roth, sin dirigirle una mirada.
Arianna apretó los dientes.
—Entonces los acompañaré también —soltó Nathan.
—¡De ningún modo! —chilló la reina de las hadas.
Theobold levantó las manos, pidiendo un poco de silencio, lo cual consiguió.
—Pienso que, dadas las circunstancias, debemos ser discretos, si enviamos a un número grande de hadas o licántropos al reino de los vampiros, ellos lo pueden considerar como una agresión y pude resultar perjudicial a los enviados. Yo optaría por mandar a Arianna y Roth solamente, aunque, por supuesto, estoy abierto a sugerencias.
—Concuerdo con Theobold —asintió Imre—. Hijo, tienes que quedarte, tu presencia sólo los pondrá en peligro.
Los ojos de Nathan se encontraron con los de Arianna; una profunda preocupación surcaba los rasgos del príncipe.
—Estaré bien —dijo ella, con una seguridad que no sentía.
El príncipe la abrazó y unió su frente con la de ella. Arianna se ruborizó, consiente que todos los observaban.
—Eso espero —sonrió Nathan, con cierta tristeza.
La guardiana se apartó de él e inmediatamente unos brazos pequeños se aferraron a su cintura; agachó la mirada para encontrarse con los rizos rubios de Giselle. Se puso en cuclillas para quedar a su altura.
—Regresarás, ¿verdad? —preguntó la niña, en un murmullo, cerca de su oído.
—Por supuesto.
Arianna se dejó guiar por Roth, ya que sólo él conocía el lado del muro que los llevaría al reino de los vampiros. Caminaba con cautela, observando como el bosque se iba dibujando a su alrededor. Estaba tan distraída que chocó con una rama y tuvo que apartarla con la mano, al hacerlo, varias hojas cayeron sobre ella. Se sacudió todas las que pudo y continuó caminando, aunque no por mucho tiempo porque los brazos cruzados del príncipe licántropo y ceño fruncido se lo impidieron.
—¿Qué? —espetó ella.
—Eres muy lenta.
—No lo sería tanto si te quitaras de mi camino.
Él puso los ojos en blanco.
—Sabes a lo que me refiero. Pero, si aceptaras que te lleve…
—Si no accedo, corro el riesgo que me dejes inconsciente de nuevo —soltó Arianna, enojada—, como ocurrió hace días.
—¿Quieres dejar eso? Ya te dije que no te haré daño —resopló el príncipe—, aunque esté bastante tentado de hacerlo.
Ella apretó los dientes y lo hizo a un lado, sin embargo, no avanzó mucho ya que se aferró a su codo.
—Vamos, Arianna —dijo Roth, tras un suspiro—, no lo hago por molestarte, en verdad todo el tiempo que podamos ahorrar sería bueno.
El hada se dio la vuelta y se rindió; se estaba comportando como una niña, debía olvidar sus emociones por un momento y concentrarse en lo que tenían que hacer. Finalmente asintió.
—De acuerdo.
Roth sonrió y extendió los brazos a ella. Un poco incómoda pero tragándose esa sensación, Arianna permitió que la cargara. Se aferró con fuerza a su cuello. Y, sin aviso alguno, sintió el cambio; el viento golpeaba su cara y el bosque se volvió unas líneas verdes. Por una vez, extrañó las habilidades que había obtenido al volverse vampiro, así, por lo menos, no tenía que ser llevada en brazos, ni sufrir el mareo que ahora sentía.
Por fortuna el viaje no duró mucho ya que, como él tanto presumía, era verdaderamente rápido.
Con mucho cuidado, la dejó sobre la hierba que crecía cerca de la muralla. Arianna observó su gran altura, toda hecha de piedra gris. Suspiró y acercó sus dedos al muro, susurrando palabras para conmover a la tierra y que accediera a sus peticiones. Algo destelló entre sus dedos y ella misma se sorprendió que las enredaderas cubrieran con tanta velocidad, cuando terminó la piel de su palma aún cosquilleaba. Si no estuviera tan centrada en otros asuntos se habría preocupado por ello, mas no había tiempo que perder.
Se giró para anunciarle al licántropo que aquello los ayudaría a escalar, pero se cayó al atraparlo mirándola; parecía realmente sorprendido por lo que había hecho, incluso brillaba un rastro de admiración en sus ojos amarillos.
—No está mal —dijo, después de un rato.
Arianna sonrió.
—Para ser un hada —completó por él.
—Exacto.
Roth no quiso comenzar a escalar cuando ella lo hizo, argumentando que tendría que esperarla arriba (ya que, por supuesto, él lo hacía más rápido) y no les convenía a ninguno de los dos mantenerse en la cima a la vista de todos.
Fue agotador, pero su cuerpo agradeció cuando sus ojos se encontraron con el borde; ya sólo le faltaban unos metros. Entonces, su oído detecto un movimiento rápido, como el susurro de las hojas al ser pisadas y, tras una profunda respiración, volteó hacia abajo. Roth ahora era una sombra que iba acercándose cada vez más. Cuando sus dedos lograron aferrase al borde, algo saltó encima de ella y se asustó tanto que estuvo muy poco de soltarse.
Por fin, logró subir, y observó, por unos instantes la capital de Vampyrus, era tal como la recordaba.
—Bien, lo primero que haremos para bajar… ¿Qué haces?
Roth la tomó entre sus brazos sin darle tiempo a protestar y se había lanzado hacia abajo. Arianna se aferró él tras soltar un gemido de sorpresa y miedo. Tal vez no estaría tan nerviosa si, como la otra vez, estuviera convertida en vampiro pero ahora, con la fragilidad de un hada, en verdad le costaba pensar que, si su cuerpo chocaba con el suelo, sobreviviría.
Pero su cuerpo no hizo contacto, en ningún momento, con la superficie. Roth se encargó de amortiguar toda la caída con sus piernas, ella apenas y había sentido una sacudida cuando sucedió. Después, él la dejó en suelo, con cierta delicadeza.
Cuando se aseguró que estaba a salvo, lo golpeó en el hombro.
El príncipe parecía divertido.
—¿Ahora qué?
—Pudiste avisarme antes de hacerlo —se quejó ella.
—Si lo hubiera hecho, se habría perdido demasiado tiempo en tus protestas —argumentó él, con una sonrisa.
Arianna se limitó a fruncir el ceño, pero se mantuvo callada. Se dio la vuelta y comenzó a conducirlo hacia la capital, sin embargo, él la detuvo.
—Espera, va a ser muy peligroso adentrarnos tanto —dijo Roth—, lo mejor será que envíes el mensaje por medio de alguien más, para que nosotros podamos regresar rápido.
El hada hizo una mueca y se dio cuenta que su renuencia se debía a que una parte de ella tenía ganas de volver a ver a Zander. Sacudió la cabeza y se quitó esos pensamientos.
—Tienes razón…
Se interrumpió, porque había jurado que algo se movió detrás de ella y lo confirmó por la expresión tensa de Roth. Se giró para encontrarse con tres vampiros.
—Sabía que algo andaba mal por aquí —gruñó uno, mostrando sus brillantes colmillos.
—Intrusos —escupió el de la derecha—, debemos matarlos.
A su lado, vio que la figura de Roth pasaba a una grande y negra, con hocico y afilados dientes. Se había convertido en lobo.
Los vampiros se lanzaron hacia ellos, sin darle tiempo a Arianna de dar explicaciones. Sin embargo, estaba decida a impedir que todo aquello se convirtiera una masacre, por lo que levantó los brazos y utilizó al viento. La chispa emergió de nuevo de sus palmas, cuando las separó y la ráfaga de aire fue más fuerte de lo que ella había planeado; golpeó a los tres vampiros, los cuales cayeron con fuerza, varios metros lejos.
—¡Esperen! —gritó con todos sus pulmones, al ver que ellos se ponían en pie, con la mirada más furiosa que antes—. ¡Déjenme hablar!
—Dame una buena razón para que no te destroce, hada —uno de los vampiros se había acercado de nuevo y escupió aquellas palabras con un profundo desprecio.
Los otros dos venían, de nuevo, mientras Roth se encontraba agazapado, deseando poder aniquilarlos pero, conteniéndose para darle una oportunidad a Arianna. No podía fallarle. Por ello, cuando vio el destello escarlata en los tres pares de ojos y notó su decisión de continuar con el ataque, ella se adelantó y descubrió su brazo. El hermoso brazalete de oro destelló en la oscuridad y, al parecer, había cumplido su cometido, ya que los vampiros se detuvieron en seco.
—No puede ser…
—Sólo quiero que le transmitan un mensaje —aseguró—. No pretendemos entrar en la capital.
Ella extendió su brazo al que estaba más cerca, para que pudiera ver los símbolos.
—Es el verdadero —dijo, sorprendido.
Los tres se observaron durante unos instantes y, uno de ellos, que llevaba el cabello castaño largo, sobre los hombros, asintió.
—¿Cuál es tu mensaje?
—De parte del soberano de los licántropos y el de las hadas: debe presentarse en Lycanthropus para una reunión.
—Se lo daré, sin embargo, no creo que debamos dejarte ir, por lo menos hasta el señor de los vampiros lo autorice.
Arianna sacó su daga, a su lado, el lobo soltó un terrible rugido de advertencia que hasta a ella la hizo temblar.
—¿Correrán el riesgo de hacerme daño? —cuestionó, esperando que su vida tuviera algún valor en aquel lugar al llevar el brazalete puesto—. ¿O tal vez prefieran morir bajo las garras del príncipe de los licántropos?
—Váyanse —se rindió el vampiro de cabello largo, después de un mortal silencio. Mas, antes de que ella pudiera hacer un movimiento añadió: —¿Cuál es tu nombre?
-Arianna.
A pesar de sus protestas, Roth aguardó abajo hasta asegurarse que ella subía sin ningún problema. Después, lo vio subir tan deprisa como la primera vez, sólo que ahora ya no estaba en su forma lobuna.
Esta vez ella accedió, cuando lo vio llegar a su lado.
—Tenemos que saltar.
Sintió el vértigo en su estómago mientras caía, pero mantuvo los ojos cerrados hasta que sus pies estuvieron seguros, en tierra firme.
—¿Qué fue todo eso? —preguntó Roth, una vez que estuvieron seguros, en el lado de los licántropos.
Ella empezó a caminar, haciendo caso omiso del resoplido que emergió de los labios del licántropo. Se aseguró que el brazalete estuviera cubierto.
—Nada, y te agradecería que no comentaras nada de… lo que les mostré a los centinelas.
—Entonces, explícame. ¿Qué es eso que llevas en la muñeca y por qué es tan importante para ellos?
Arianna se mordió el labio.
—Es un objeto muy valioso que conseguí allá. Ellos sólo se sorprendieron porque tiene grabados sus símbolos —mintió.
Roth la alcanzó con facilidad y, por la mirada que le lanzó, parecía que no creía mucho en su corta historia, sin embargo, no dijo nada más durante el camino de regreso, lo cual fue un gran alivio para ella.
Ahora sólo tenía que preocuparse por la llegada de Zander.
Nooo! Me muero! quiero que se encuentre con Zander ya! continúalo pronto por favorrr!
ResponderSuprimirmuchas gracias por el capitulo!!me encanto =D..por favor sube la continuacion pronto,me muero por saber que va a pasar!ya quiero que aparezca Zander!que intriga...
ResponderSuprimirMe encanta! :D
ResponderSuprimirUna duda... es posible que esto ya haya sido publicado anteriormente en fanfiction.net? Porque estoy segurísima de haberlo leído, pero con otros personajes.
Recuerdo que cuando intenté buscar la historia ya no la encontré, así que si era un plagio ya la han borrado.
Eres realmente buena, continúa pronto! <3
sii!! antes la autora lo subia en FF! yo tabn lo lei ahi :D! pero luego decidio resubirla como una historia original ^^! x eso la borro =) era noche color malva *-*!
SuprimirVoy a morirme... o vos me vas a matar! Genial el capítulo. Ahora NECESITO que se encuentre con Zander (y creo que no soy la única). Y sos buena haciendo mentir a Arianna jajajaj Quiero saber la rección de Zander cuando la vea :( Hermoso :)
ResponderSuprimir¡Me ha encantado! Que ganas de que aparezca Zander. No nos hagas esperar mucho, que me desespero por leer xD. ¡Saludos!
ResponderSuprimirsisisisisisis!!!!
ResponderSuprimirpor fin aperecera Zander, tengo tantas ganas de leer como seduce y (molesstaa un pokito jiji) a arianna :) no puedo esperar maas. Me encantaa
besitoos..!
simplemente ME ENCANTA!!!
ResponderSuprimiramo zander, me muero porque aparezca *o*
por favor vuelve a subir un capitulo pronto!
Que bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeenoooo estuuvo. Dios. Quiero el otro.. No quiero apresurarte, pero.. LO MAS PRONTO POSIIIBLE.
ResponderSuprimirNonononono me encanto!!! quiero leer el proximo capìtulo ¿para cuando estarà??
ResponderSuprimireste libro es estupendo. nunca había leído algo así; es el primer libro que me deja la sensación de querer seguir leyendo.... espero pronto termines el próximo capitulo.. tienes un gran talento Priscila...
ResponderSuprimir