Cita de la semana:
"Mirror, mirror on the wall... Who is the fairest of them all?"
Capítulo 13 - Los Juegos de la Muerte
XIII
B.B.
Cuando llegó al edificio, el golpeteo de su corazón bajo su pecho se había vuelto insoportable. No sólo eso, sino que en sus oídos podía sentir su sangre, como si estuviera latiendo y presionando, hasta desesperarla. Pero Misa sabía, perfectamente, que la emoción que la embargaba no era desesperación, sino miedo.
La encargada de la sección de “Avisos” debió notar su inquietud, porque le preguntó si estaba enferma y hasta le ofreció traerle alguna medicina, si es que la necesitaba. Misa se frotó las manos y negó con la cabeza, tratando de esbozar una sonrisa convincente y, al mismo tiempo, ignorar la inquieta voz de Rem, quien le repetía, una y otra vez, que no tenía que arriesgarse de aquella manera.
—Bien, entonces —soltó la mujer, no del todo convencida, después de que Misa le dijera (por tercera vez) que se encontraba bastante bien— ¿Qué es lo que quieres poner en el periódico?
Misa soltó un suspiro y cerró los ojos; como todo lo que había decidido aquella mañana había sido más bien guiado por un mero impulso, no había tenido tiempo de pensar en ello, así que, se tomó unos segundos y después se volvió hacia la mujer, que todavía la observaba con preocupación.
—“Si me conoces tan bien como presumes, entonces no tendrás problema en encontrarme, hoy en la noche, cerca del lugar donde trabajaba, donde haya silencio. Misa A.”
Cuando terminó de decirlo y la mujer se lo repitió, para ver si estaba correcto, la joven sintió que un peso más se le añadía a la espalda. Había usado la inicial de su antiguo nombre para asegurarse, aunque, pensó que, probablemente, con B.B. no habría necesidad de usar tantas especificaciones.
Pagó en la caja y se marchó, sabiendo que ya no habría marcha atrás. Sin embargo, aun tenía todo el resto del día para pensar qué hacer para que todo aquello no terminara en algo peor para ella. Después de todo, el anuncio no saldría hasta el día siguiente.
—¿Estás seguro de esto? —cuestionó Watari, observando fijamente a la figura extrañamente sentada en el sillón— Su relación contigo ha sido mantenida en secreto y esa información sólo la conocen unas cuantas personas de Wammy’s House.
Los ojos oscuros de L se dirigieron al gran reloj que se encontraba en la pequeña sala; los miembros de la Fuerza Especial no tardarían en llegar, así que les quedaba poco tiempo para hablar tranquilamente.
—Lamento todo esto, Watari —soltó L, haciendo una extraña mueca—, pero no puedo mandarlos en una búsqueda a ciegas; no les diré todo, sólo lo esencial para poder encontrarlo antes de que él le haga daño a Misa.
Después de un rato de silencio, en el que los ojos de Watari observaron el rostro de L, él asintió y puso una de sus viejas manos sobre el hombro de L.
—Hazlo.
—Habías mencionado que el cuerpo encontrado en el departamento de la joven Jenkyns podría tener alguna relación con nuestro caso —comentó el jefe Yagami, una vez que todos los miembros de la Fuerza Especial se sentaron alrededor de L.
El detective le devolvió la mirada al policía por unos segundos y después la bajó para concentrarse en su té, al que en aquellos momentos le añadía tres cubos de azúcar.
—Cierto —dijo él, tomando una cuchara para disolver el azúcar en el líquido caliente—, lo está o lo estará, para ser más exactos. Tengo que admitir que les oculté cierta información sobre este peculiar nuevo personaje.
Aizawa hizo un gemino más parecido a un ruidito de molestia y frunció el ceño hacia L, como él lo había previsto a más de uno le iba a enfadar aquella información dicha demasiado tarde. El hombre abrió la boca, seguramente para reprocharle su forma de actuar, quizás hasta amenazar por no poder trabajar con él bajo esas circunstancias, pero se contuvo al ver la mirada fulminante de su jefe. Como siempre, Yagami esperaba escuchar todos los datos antes de formarse un juicio.
—Espero, para ahorrarnos tiempo —prosiguió—, que todos estén familiarizados con el caso del asesino B.B. de los Ángeles.
Una vez que los vio a todos afirmar con la cabeza, retomó el relato: —El asesino fue atrapado por una agente del FBI llamada Misora Naomi, sin embargo, lo que no salió a la luz, es que ella actuaba bajo mis instrucciones.
No se hizo esperar la reacción de sorpresa que destelló en cada par de ojos de la sala.
—Decidí tomar el caso ya que el asesino tiene cierto resentimiento hacia mí y me retó —explicó—. Hace poco, lamentablemente, recibí la noticia de Watari de que B.B. había escapado de la cárcel. Ya que puedo decir que, de cierta forma, conozco su forma de pensar, sé que está aquí, en Japón y que (hablo con una probabilidad muy cercana al 100%) fue él quien asesinó a esa joven hallada en el departamento de Misa.
Un extraño silencio se extendió en la habitación, mientras todos los policías trataban de organizar la nueva información que se les había dado. Finalmente, el jefe Yagami lo rompió.
—Ya que, supongo, no es ninguna coincidencia que B.B. haya elegido la casa de una joven que ha sido expuesta por los medios como la “elegida” de Kira; entonces este asesino debe buscar algo de Kira.
L asintió, un poco tenso.
—El objetivo principal de Beyond o B.B. es demostrar que puede superarme y ya que la última vez fue derrotado por Misora Naomi, me temo que ahora deseará tomar medidas más… extremas —el detective tomó una galleta de chocolate y la mordió—. Mi teoría es que quiere usar a… Misa para poder llegar a Kira y así poder matarme, por supuesto, después de jugar un poco conmigo.
—Entonces debemos encontrarlo antes de que se reúna con Kira —dijo el jefe Yagami, después de otro incómodo silencio.
L asintió.
—Lo peor que podría pasarnos es que ellos dos lleguen a un acuerdo.
A pesar de que el mismo L les sugirió que comenzaran a investigar en todas las aerolíneas que tuvieran vuelos recientes provenientes de Estados Unidos a Japón, él mismo no tenía muchas esperanzas de hallarlo de esa forma. Era muy astuto para que un detalle así lo delatara.
—Jefe Yagami, necesito que siga a su hijo.
Lo sabía, ese hombre estaba mucho más presionado que el resto de sus compañeros; era de esperarse, después de que alguien de su familia estaba bajo sospecha de asesinato, eran previsibles sus reacciones.
—Las cámaras nos han mostrado…
L levantó una mano para interrumpirlo; por supuesto, Light era su principal sospechoso, pero, en ese momento, no quería tener otra discusión con su padre sobre ello.
—No es por esa razón —replicó—. Dada la relación de su hijo con Misa, seguramente él conoce dónde se encuentra ahora; todo lo que quiero es esa información y, de ser posible que le haga una visita e intente traerla aquí.
Un poco más tranquilo, Yagami asintió.
Soichiro Yagami siempre supo, desde el momento se anunció que L aceptaba el caso, que él era una persona difícil de descifrar. En lo personal, le representaba un extraño acertijo cada una de sus acciones y decisiones. Incluso cuando aceptó mostrar su rostro ante él y algunos de sus compañeros, supo que, a pesar de trabajar tan cerca de él y observarlo con atención difícilmente podría formarse una idea sobre su personalidad. Por supuesto, detestaba cada vez que él daba a entender que su hijo seguía siendo sospechoso pero ponía todo su esfuerzo por tratar de verlo objetivamente. A pesar de todo, tenía cierta confianza en él.
Ahora, sin contar con la tensión de seguir a su propio hijo sin ser notado, le incomodaba cierta reacción que había notado en L. Había mantenido su estoicismo habitual al relatarles los posibles propósitos de B.B. y, a pesar del gran riesgo que supondría que este nuevo asesino se reuniera con Kira, incluso al mencionar que su propia vida estaba en riesgo, no mostró cambios en su expresión, sin embargo, hubo unos segundos, cuando mencionó que la señorita Jenkyns, Misa, podría estar en peligro que sus hombros se tensaron. Aunque, probablemente, con todo lo que estaba pasando y la presión a la que estaba sometido, eso no significaba nada.
De pronto, una ola de compasión hacia la joven lo invadió, después de todo, por lo que había visto en las cámaras y lo que le contaba su esposa (por lo menos durante el poco tiempo que pasaba en casa), Misa Jenkyns estaba comenzando a tomar parte de la familia. Independientemente de los sentimientos que su hijo tuviera por ella, tanto Sayu como su esposa habían, por decirlo de una manera, adoptado a la joven. Sonrió un poco; no era para sorprenderse, después de todo, al haberse enterado que ella estaba, prácticamente, sola su familia no podría hacer otra cosa que tratar de hacerla sentirse menos abandonada. Y ahora, cuando todo parecía mejorar para la joven, Kira pone su mira en ella y un nuevo asesino le deja un cadáver en su departamento. Eso era más que suficiente para destrozar la vida de alguien.
Se distrajo unos minutos ya que se dio cuenta que su hijo llegaba a un edificio y que traía comida y lo que parecía ser una bolsa con ropa… para mujer. Seguramente ése era el lugar donde ahora vivía la joven Jenkyns.
Decidió dar la vuelta y estacionarse varias calles lejos, a esperar a que su hijo saliera del edificio.
Misa había tratado de convencerse que estaba tomando las cosas de una forma fría y calmada, sin embargo, cuando la puerta de su nuevo departamento se abrió no pudo evitar saltar de la cama. Aunque ver la figura de Light entrar no era algo que podría considerarse como tranquilizador, si fue un alivio, ya que las últimas horas sólo podía imaginarse que B.B. intentaría hacerle daño. En sus pensamientos, la idea de reunirse con él sólo la hacía pensar en la muerte. No podía evitar que la idea de que, tal vez, ése sería su último día de vida le torturara constantemente. A este asesino sólo lo conocía mediante una carta y el “regalo” que había dejado para ella, por lo que no podía estar segura de cómo reaccionaría al verla; es más, ni siquiera se había planteado una excusa convincente para aquella cita que había hecho con él.
—Te traje algo de ropa y comida —soltó Light, sacándola de sus oscuros pensamientos.
Misa abrió la boca para soltar un “gracias”, pero se arrepintió rápidamente y en su lugar asintió, sin pronunciar palabra. No quería darle oportunidad a Light de que creyera que ella estaba contenta con él, aunque fuera por algo tan insignificante como aquel detalle.
Tras darle una mordida a una manzana, la misma que Ryuk quería robarle pero que Light no permitió que hiciera, se metió en el baño para cambiarse de ropa. Esperaba que él hubiese desaparecido cuando ella saliera, pero sabía que las cosas no eran tan sencillas como ella esperaba que fueran.
Desgraciadamente, cuando Misa salió del cuarto de baño, unos brazos la rodearon y sintió unos labios en su cuello. Como pudo se deshizo del agarre y retrocedió unos pasos; sin levantar la vista, podía adivinar el ceño fruncido de Light y sus puños apretados. No le sorprendió cuando lo escuchó resoplar.
La risa de Ryuk resonó en toda la habitación, gracias a los segundos de silencio que se extendieron.
Misa se sentó en la cama y no pudo evitar que él se sentara junto a ella.
—Mi padre me siguió hasta aquí.
La joven reaccionó, porque lo primero que le vino a la mente después de que Light pronunció esas palabras era que L estaba detrás de todo.
Tenía tantas ganas de volver a verlo.
Una de las manos de Light se cerró en torno a su barbilla y la obligó, no sin cierta brusquedad, a que volviera el rostro hacia él.
—Supongo que no es necesario decirte que no debes decir nada sobre nuestro acuerdo o nuestros planes, ¿verdad, Misa?
Ella estaba a punto de corregirlo, recordándole que eran sus planes ya que ella no estaba de acuerdo en nada de lo que él había decido; sin embargo, se tragó su tristeza y coraje.
—Ya sabes que hago lo que tú me pides.
Los ojos de Light brillaron, por un momento, Misa creyó ver un destello rojo cruzar por ello.
—Perfecto, tampoco creo necesario decir que no debes ir con él a ningún lugar.
Misa cerró los ojos, pero se guardó las ganas de llorar, finalmente, soltó un débil “Sí”. Sintiéndose derrotada, no evitó que él besara su frente, ni que acariciara sus cabellos. Por lo menos no duró mucho tiempo antes de que se fuera y la dejara sola.
Cuando la puerta del departamento se abrió, el jefe de policía jamás se imaginó que unos ojos verdes tan apagados lo recibieran. La joven intentó esbozarle una sonrisa pero su gesto resultó un pobre intento de ocultar su tristeza. Contando aquel momento, era la segunda vez que la veía en persona y ya que tenía buena memoria, los cambios en ella le resultaron evidentes. En primer lugar, su cabello había perdido su color, como cuando sometes una prenda al desgaste de muchas lavadas y, a pesar que la recordaba como una persona delgada, ahora lucía desmejorada, como si hubiese perdido muchos kilos en pocos días. También, y esto le hizo acordarse de L, notó las marcas oscuras debajo de sus ojos que anuncian muchos días sin dormir bien.
Ella lo invitó a pasar, pero él se negó, argumentando que su visita sería rápida.
—A pesar de que no sabemos, todavía, nada sobre el asesino es mejor que te traslades a un lugar donde puedas ser vigilada por la policía o por lo menos que aceptes la protección del departamento.
Ella negó con la cabeza.
—Se lo agradezco mucho —dijo, con firmeza—, pero estoy bien donde me encuentro.
—L me pidió que te convenciera de llevarte con él —Yagami había pensado que era decirle aquello, después de la actitud que había visto en ella, sin embargo, mencionar a L fue algo acertado, ya que su firmeza pareció desmoronarse. Una batalla interna parecía haberse desatado en su interior, porque sus ojos le decían que deseaba aceptar su oferta.
—Dígale que… —ella se aferró a uno de sus brazos, como si, en silencio, le pidiera ayuda desesperadamente.
En sus incontables años en la policía, Yagami había tenido que tratar con cientos de víctimas o, en caso de asesinato, con sus familiares y amigos. Y, por la experiencia que tenía al tratar con ellos, ya sabía cómo reaccionaban en distintas situaciones. En aquellos momentos, por ejemplo, la joven Jenkyns tenía el perfil de una víctima amenazada.
—No debes tener miedo; si Kira ha hecho contacto contigo y te ha prohibido hablar con nosotros no tienes porqué ocultarlo.
En este caso, sus palabras no sirvieron más que para estropearlo todo; lo vio claro en los ojos de la joven. El momento se perdió y ella soltó su brazo.
El jefe de policía estaba convencido de que la joven luchaba contra sus emociones y que no pudo evitar que una lágrima resbalara por su mejilla.
—No quisiera ser grosera —dijo suavemente—, señor Yagami, pero, en estos momentos, necesito estar sola.
Él asintió y se alejó, escuchando el chasquido de la puerta al cerrarse y un sollozo amortiguado, como si viniera de un lugar lejano, que estalló repentinamente.
Misa jamás pensó que el día siguiente estuviera tan nerviosa que su mente la traicionara tantas veces; mientras el sol estuvo en lo alto, se vio tentada a marcar el número de L, tan sólo para escuchar su voz una vez más. Después de la cita que tenía aquella noche veía su futuro tan incierto que ni siquiera podía asegurar sobrevivir a ello.
—No te va a pasar nada, Misa —dijo Rem, de pronto—. Si él intenta hacerte daño, yo escribiré su nombre en mi cuaderno.
Misa observó a su shinigami y, sin palabras, le agradeció por ello. De cualquier forma, ella trató de convencerla de que no asistiera pero, como ya le había dicho Misa, si no se presentaba B.B. podría enfadarse, lo que provocaría que asesinara a alguien a quien ella conocía y no quería el peso de una vida más en su conciencia.
Cuando el firmamento se oscureció, Misa se abrigó con una de las chaquetas que le había traído Light y escondió un cuchillo en una de las bolsas. Probablemente no tendría oportunidad contra él y, como había dicho Rem, ella se encargaría si quería matarla, pero tan sólo llevarlo la tranquilizaba un poco.
Al ver el bar en el que trabajaba su corazón se aceleró pero siguió de largo y llegó hasta la calle a las espaldas de la construcción; para asegurarse que nadie que conociera la viera, se sitió bajo una de las luces de la calle, varios metros lejos del bar.
Demasiado nerviosa, se abrazó, en un intento de protegerse; sus ojos constantemente volteaban a sus costados, a la espera de una sombra aterradora que se lanzara sobre ella.
—Misa Amane.
Se estremeció al escuchar la voz y se giró con rapidez, para ver una figura oscura acercarse a ella. Parecía que le gustaban las sombras, porque todavía no se acercaba a la luz de la lámpara para ella pudiera verlo mejor.
—Me sorprendió tu mensaje —dijo él, dando un paso más. No podía estar segura pero, por el tono de su voz, parecía estar disfrutando de aquel momento. Incluso, Misa llegó a pensar que sus pasos lentos eran sólo para ponerla más nerviosa.
Un paso a la vez.
Ella trató de decir algo pero su garganta estaba seca.
—¿Sabes? Lamento decir que no hice una buena elección, tus ojos son mucho más hermosos que los de la otra chica.
Misa trató de controlarse, pero no pudo evitar que las imágenes del cadáver de la joven regresaran a su cabeza. No pudo evitar soltar un gemido.
Lo escuchó reírse.
—¿Por qué el temor, Misa? Ya te dije, no está en mis planes matarte.
Por supuesto, eso no sirvió para tranquilizarla.
—El miedo; sus causas y consecuencias han sido estudiadas durante muchos años por distintos psicoanalistas de renombre; muchos coinciden en que, el mayor miedo del ser humano no es hacia la muerte, sino a lo desconocido. ¿Qué tal si lo probamos?
Misa continuó sin contestar, no sabía qué esperaba B.B. de ella, pero no le estaba gustando nada lo que decía.
—Hasta este momento, parte de mí ha estado oculta a tu conocimiento —dijo, moviéndose en un punto en que la luz no llegaba hasta su rostro. Misa ahora pudo ver sus pantalones de mezclilla y parte de su playera negra—, por lo que, si te muestro mi rostro me conocerás y así, tus miedos hacia mí desaparecerán.
La joven hizo una mueca, la forma de exponer sus argumentos le resultaba, de cierta forma, familiar.
Entonces, B.B. dio otro paso hacia la luz. Misa ahogó un gemido; por un instante casi confundió al joven que se encontraba frente a ella con L. Su postura ligeramente encorvada, sus ojos marcados por ojeras y su desordenado cabello negro la confundieron.
—¿Qué te parece? ¿Mejor?
—No realmente —soltó, sin pensarlo.
Él volvió a reír.
—Eso es un punto en contra de toda esa teoría psicológica —soltó—, aunque, a decir verdad, me alegro; considero a esa disciplina bastante irritante.
Misa tragó saliva.
—¿Y bien, para qué querías verme?
—Antes de conseguirte una reunión con Kira —soltó ella, para hacer tiempo—, necesito saber qué es lo que quieres exactamente de él.
B.B. sonrió.
—Por supuesto, sólo necesito saber algo de ti antes —dijo. Sin previo aviso se acercó tanto a ella que Misa pudo ver toda la oscuridad en sus ojos— ¿Por qué no puedo ver cuánto tiempo te queda de vida?
Misa soltó una exclamación. Ahora ya no tenía duda alguna, él tenía los ojos de shinigami.
Abrió la boca para tratar de contestar algo, cuando una figura se les unió bajo la luz de la lámpara.
—Yo podría contestar a tu pregunta si te alejas de ella —soltó la inconfundible voz de Light.
B.B. se giró hacia él.
—Vaya, pero si debes ser a quién estaba buscado: Kira —dijo, con mucha tranquilidad.
Light para sorpresa de Misa, asintió y se acercó a ella.
—¿Qué quieres de mí?
—Algo bastante sencillo para lo que pienso ofrecerte, necesito que asesines a alguien —contestó B.B.—. Después de analizar tu forma de matar, he descubierto que son necesarios para ti conocer el nombre y el rostro de la víctima, ¿me equivoco?
—Todo lo que dices es cierto —dijo Light, con horror, Misa descubrió la codicia en los ojos de él; seguramente ya sabía que B.B. tenía los ojos.
—Yo puedo ver el nombre y el tiempo que le queda de vida, a excepción de ustedes dos, de todas las personas —continuó—; me ofrezco a prestarte mi habilidad a cambio de que mates a L.
El rostro de Light se iluminó. Misa consiguió evitar que se escapara una exclamación de horror de sus labios.
—Considéralo hecho.
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